Nuestro objetivo es acompañarlos en el descenso de peso, mediante la reeducación en relación con la alimentación, procurando cambios de hábitos, brindando información, herramientas y técnicas para arribar a un peso saludable y mantenerlo en el tiempo.

jueves, 24 de abril de 2014

ALIMENTACIÓN CONSCIENTE





Durante todos estos años que trabajo como coordinadora de grupos y participantes con problemas de obesidad, fuimos poniendo en práctica distintas herramientas y técnicas para ayudar a las personas a bajar de peso y mantenerse.

Enseñarles a elegir los alimentos, cómo prepararlos, cómo planificar las comidas diarias, cómo manejar un imprevisto, por qué es importante hacer el elegido, qué hacer en situaciones especiales, comer lento y masticar bien, entre otras tantas herramientas brindadas para que las personas encuentren la manera de vivir mejor en su relación con la comida.

Pero esta experiencia de poner los sentidos en juego y vivenciar las sensaciones que provoca un alimento, es única y la considero un gran hallazo a la hora de aprender a comer de una manera adecuada y hasta ahora no habia sido abordada tan profundamente por nosotros para el trabajo con nuestros participantes.


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Muchos maestros budistas alientan a sus discípulos a meditar mientras comen, ampliar el estado de la conciencia mientras prestan mucha atención a la sensación que les produce cada bocado. Un ejercicio común es darle a un alumno tres pasas de uva o una mandarina para que pase 10 o 20 minutos observando, sosteniendo y masticando cada bocado pacientemente.


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Generalmente, cuando alguien decide adelgazar no piensa en la manera de comer, ni en las circunstancias que rodean el acto de comer. En general, el esfuerzo se dirige más a modificar la calidad del alimento y la cantidad que come. Sin embargo, si aprende a comer de manera apropiada, podrá lograr un control cada vez mayor sobre lo que elige.

Los primeros hábitos que podemos empezar a cambiar son:

Comer rápido.

Comer sin disfrutar la comida.

Comer todo lo que haya en el plato.


Podemos aplicar la técnica del comer pensando. ¿Pensando en qué?, se preguntarán. Justamente en lo que come, en ese momento preciso, poniendo todos sus sentidos al servicio del sabor, del aroma, de la textura, de su cuerpo, de sus movimientos...

Esta técnica que puede resultar un tanto extraña, es exactamente lo contrario a la forma en que comemos habitualmente (apurados, mientras trabajamos, mirando tele, etc.)

Ayuda a controlar la porción: Enlentecer el acto de comer le permite al cerebro que registre la ingesta y que le avise a tiempo cúando está satisfecho, dado que sentirá la señal de saciedad que suele pasarse por alto cuando se come hasta terminar el plato.

Despertar ante la comida: Cuando despertamos a la comida y al acto de comer, es posible notar las sensaciones que provoca el alimento: su sabor, los cambios de textura y aroma, la temperatura.


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En los grupos, fue muy útil y efectiva la aplicación de estas técnicas. La experiencia de cada uno de los ejercicios vivenciales (papas fritas, porción de queso blanco, gustitos, regla /50/80) fue sumamente enriquecedora. En lo personal, sin dudas, puedo rescatar un aprendizaje importante: pasé por mi propio tamiz y registré mis propias sensaciones, para luego poder bajarlo a los participantes. A partir de allí, me propuse utilizar esta herramienta:


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Primera experiencia: Ejercicio con papas fritas:

Lo primero que me planteé fue animarme a hacer un ejercicio tan innovador en un grupo: sería raro para mí entrar a un grupo con paquetes de papas fritas, por esa razón, lo implementé primero en individual en un paciente que le encantan las papas fritas. Le expliqué que haríamos un ejercicio vivencial, cuyo objetivo era empezar a despetar y pensar a la hora de comer.

Utilicé el método de PARAR, SABOR, TRAYECTO, OBSERVACION, PAUSA.

Le pedí a mi participante que sacará 4 papas del paquete y las pusiera en un plato, que me expresará cual fue su primera sensación, esto le generó cierta ansiedad y ganas de comer todo el paquete.


El segundo paso fue ponerse una en la boca y concetrarse en el sabor, le pedí que mastique lentamente y que trage cuando el alimento estuvó totalmente desarmado. Lo que pudó experimentar fue primero la grasa que se le quedó en sus dedos, en segundo lugar el gusto graso y salado.

Cuando le pedí que se coloque la segunda papa en la boca y se conecte con la textura, me expresó que no pudó concentrarse por lo salada que le resultó. Pusó cara de desagrado y alejo el plato.

Fue fantástico porque pudo sentir que al comer conciente, las papas no eran tan ricas como creía y al servirlas en un plato tenía un buen manejo de la porción. es decir " EL CONTROL ESTA EN SUS MANOS".

Este mismo ejercicio lo pusé en práctica con otros participantes en forma individual, a los cuales les pedí que trajerán el alimento que les cuesta manejar.

Por ejemplo, Pablo trajó el pan, que para él era INMANEJABLE, y pudimos trabajar a partir de esta técnica, poner en juego los sentidos, desde la vista, el olfato (sintío fuerte olor a levadura, que no fue de su agrado), desde el registro de la postura a la hora de comer, si lo como relajado, disfrutándolo o en posición de ataque. Pudo descubrir que "APRENDIENDO A COMER DE ESTA MANERA" ya no exisiten para él alimentos que no puede manejar, es decir que no sólo modificó su relación con el alimento, sino sus creencias en relación al manejo de los alimentos elegidos.


En mi trabajo con los participantes, me servió mucho utilizar la comparación del "catador de vinos" y el acto de comer.

Una vez afianzada con el uso de la técnica en el trabajo con individuales, lo apliqué a grupos con resultados altamente positivos.

La alimentación consciente no es una dieta ni consiste en dejar de comer uno u otro alimento. Se trata de disfrutar la comida más intensamente, en especial, el placer que proporciona comer lo que nos gusta.


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